
Les ofrezco aquí un resumen de un trabajo especial sobre los "apátridas", hecho por la revista "Refugiados", editada por ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados.
(Nº135, 2007)
El término apátrida se refiere a alguien no considerado nacional, segun las leyes del país, de ningún estado. Una segunda definición menos rígida es la de la apátrida de facto, que no disfruta de los mismos derechos que los demás ciudadanos(por ejemplo, su país no lo cencede el pasaporte o no le permite regresar)
¿cómo se concede la nacionalidad?
Genralmente a través del registro de nacimientos, la descendencia de otro ciudadano o la nacionalización por matrimonio con un ciudadano. La nacionalidad también puede concederse tras residir durante un período de tiempo establecido. las normas varían segun el país y estas varaciaciones son a menudo la causa de la apatridia.
Algunas personas no poseen o pierden la nacionalidad por leyes mal diseñadas, por disgregación de estados o por un pobre sistema para inscribir los nacimientos.
En el mundo hay miles de personas que viven al amrgen de la sociedad. Hay apátridas en todos los rincones del planeta. Los casos paradigmáticos lo constituyen los cientos de miles de personas que se han quedado sin nacionalidad luego de un cambio en el regimen político. Es el caso de la ex URSS y de la ex Yugoslavia. Aunque en otros países como República Dominicana, Tailandia, Vietnam, Nepal, Sri LAnka, India, y varios países africanos se encuentran con los niveles más altos de apátridas. En el caso específico de Vietnam, por ejemplo, este tema es aún más dificil para las mujeres. Porque éstas, en el caso de que se casen con un extranjero deben renunciar a su nacionalidad para adquirir la del marido. Los hijos adquieren la nacionalidad del padre, y si luego se divorcian, la mujer se transforma en apátrida, y en ocasiones también sus hijos.
Algunos apátridas célebres:
-Albert Einstein: nacido en Alemania (apátrida de 1896 a 1901. luego consigue la ciudadanía Suiza) "El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad".
-Mstislav Rostropovich (violonchelista. Realizó recitales delante del muro de Berlín) "No tiene usted idea de lo humillante que es ser un ciudadano despreciado".
-Stefan Zweig(escritor.nacido autríaco,tuvo que huír de los nazis): "Antiguamente el hombre sólo tenía cuerpo y alma. Ahora también necesita un pasaporte, sin él no se lo trata como a un ser humano".
A modo de cierre elijo esa última frase que me parece que resume todo. De todas maneras, la gran mayoría de los apátridas son por definición, anonimos. Hay niños que nacen apátridas y lo siguen siendo toda su vida. Como tales, muchas veces no pueden ir a la escuela, ni trabajar legalmente, ni casarse, ni viajar. Es mas, si alguien comete un delito contra ellos, ni siquiera tienen derecho a radicar una denuncia. Y por supuesto, son extremadamentes vulnerables a la explotación laboral. Como si todo esto fuera poco, muchos están condenados a traspasar su apatriada a sus propios hijos, como si fueses una enfermedad de tipo genético...

9 comentarios:
Que difícil es comentar algo sobre un tema tan triste.
Parece mas, falta de voluntad, que errores del sistema, en este presente de burocracia ordenada que nos tocó. Y aún en algunos casos del pasado, también se ve el enzañamiento. Mtislav Rostropovich fue privado de su ciudadanía por motivos políticos.
beso
A
"DE LA AZOTEA"
¿CoMuNiTaRiA?...
ajenjo: gracias por pasar y comentar. Claro que es un tema dificil.
Anónimo: no tengo idea que querés decir....
"Ya no tengo estómago para tragarme las cosas que hace este diario en nombre del periodismo”.
CLAUDIO DIAZ RENUNCIA A CLARÍN DESPUES DE SUFRIR "APRIETES" DEL DIARIO POR SUS DECLARACIONES.
Autor de "Manual del Antiperonismo Ilustrado" Díaz renunció al diario Clarín por "aprietes" sufridos a raíz de sus declaraciones a la revista Veintitrés
“Me voy avergonzado de la conducta de quienes deberían honrar el trabajo periodístico y no lo hacen”.
Porqué renuncié a CLARIN
Por Claudio Diaz
Este viernes será mi último día de trabajo en el querido Zonal Morón / Ituzaingó. He tomado la decisión de renunciar al cargo de redactor que ejer. y, como es de rigor en estos casos, quiero despedirme de los amigos que gané durante mis 7 años de permanencia en el diario y de los buenos compañeros con los que compartí muchas tardes entretenidas.
Pero no quiero irme sin antes explicarles, a ustedes y también a quienes ocupan los cargos jerárquicos de esta empresa, los motivos de mi retiro. A fines de marzo la revista Veintitrés me pidió una opinión sobre el rol que cumplen los medios periodísticos y algunos intelectuales en la elaboración del discurso político actual.
Yo efectué una dura crítica a lo que se da en llamar el Grupo Clarín y acentué, particularmente, lo que a mi criterio había sido una clara manipulación informativa durante la cobertura del conflicto Gobierno vs. Campo, tanto por parte del diario como de Canal 13 y TN. En este caso no hice más que expresar, libremente, la vergüenza que me provocó -como periodista pero también como simple ciudadano- el ejercicio “periodístico” del Planeta Clarín y sus satélites.
La reacción por parte de la empresa, como es de suponer, fue inmediata. Y hasta la consideré razonable. Es más: A uno de los colegas aludidos, Julio Blanck, le dí explicaciones acerca de por qué yo lo incluía en una lista de hombres de prensa que -desde mi punto de vista- sostienen un discurso “progresista” pero le terminan haciendo el juego al llamado establishment.
Hasta ahí todo bien. Lo que siguió después es distinto. Las autoridades editoriales (en este momento no se me ocurre otro término) le comunicaron a mis jefes que “de ahora en más” dejara de escribir la página 3 del Zonal (que se supone es la más “importante”) y que me limitara a hacer -es textual- “notas blandas”. Una estupidez, realmente. Pero pocas horas después se emitió otra orden: Que no se me autorizara a tomar la totalidad de días de vacaciones adeudados, que había pedido para esta semana. No dieron argumento alguno para justificar la negativa.
La verdad es que por ninguno de estos 2 castigos tendría que haberme hecho mala sangre. Sin embargo, dije “basta” y tomé la decisión de no seguir adelante con mi trabajo en el Zonal, harto del doble discurso de este diario, de su hipocresía, de pontificar en sus editoriales y notas de opinión una cosa para después hacer otra. Es tanta la repugnancia que sentí por quienes posan como adalides de la libertad de expresión que me dije a mi mismo: “hasta aquí llegué”.
Quiero decir: Hace más de 20 años que ejerzo el oficio de periodista; conozco perfectamente los condicionamientos que nos ponen para atenuar o directamente diluir nuestra vocación de contar y decir las cosas como uno cree que son, aun a riesgo de equivocarse. En fin, en casi todos lados he comprobado (eso tan viejo pero siempre vigente) que una cosa es la libertad de prensa y otra la libertad de empresa.
Pero lo que viví en Clarín en los últimos tiempos superó todo… Gracias a Dios ¡Todavía tengo vergüenza! Pero lo que ya no tengo es estómago para tragarme las cosas que hace este diario en nombre del periodismo. A esta altura ya no puedo soportar tanto cinismo. Como cuando desde un título o una nota se insiste en que no decrece el nivel del trabajo en negro y las condiciones laborales son cada vez más precarias, siendo que en todas las redacciones del Grupo Clarín se emplea a pasantes a los que se los explota de manera desvergonzada, obligándolos a hacer tareas de redactor por la misma paga que recibe un cadete, sin obra social ni vacaciones.
Es el mismo cinismo de despotricar contra la desocupación al tiempo que se lanzan a la calle nuevos productos sin contratar a trabajadores, duplicando y hasta triplicando el horario de los que ya están dentro de la maquinaria. Es el mismo cinismo de presionar a redactores para que se conviertan en editores, bajo la promesa (falsa) de que “algún día” se les reconocerá la diferencia salarial.
Si, como se sostiene el martes 15 en la cotidiana carta del editor al lector, “son los medios y los periodistas los que deben regularse y actuar con responsabilidad democrática”, pues bien Sr. Kirschbaum, yo empiezo por esa tarea. Porque si Clarín tanto se rasga las vestiduras asegurando que respeta la libertad de expresión ¿Por qué sanciona a un periodista que vierte, ejercitando esa libertad de pensamiento, una opinión? Tengo otras cosas para decirle a Ud. y a quienes lo secundan (si es que a esta altura todavía están leyendo…): La demonización que practica el diario a través de un “inocente” semáforo que cumple la misión de dividir al mundo en ángeles y demonios (según el interés ideológico o comercial del Grupo), ha llegado al nivel de un verdadero pasquín que nada tiene que envidiarle a las publicaciones partidarias. Es peor todavía, porque éstas tienen la honestidad de reconocerse como expresiones de un Partido Político o de un espacio Ideológico.
En cambio, Clarín se imprime bajo el infame rótulo de periodismo independiente… En pos de engrosar la cuenta bancaria se ha perdido todo decoro. Da la sensación de que los que se llaman periodistas o columnistas ya ni sienten un mínimo de pudor por haberse convertido en contadores del negocio mediático, desvividos por saber cuánto dinero ingresa a las arcas; lo único que les falta es salir con el camión de Juncadella.
Digo esto porque ha sido patética, en la misma carta del editor del martes 15, la reacción editorial contra otros medios periodísticos competidores que estarían atreviéndose a morder un pedazo del queso que el Grupo quiere deglutirse, como de costumbre, solito y solo, calificando a aquellos de miserables, travestidos y miembros de una jauría. ¡Después cuestionan a D’Elía o a Moyano por las palabras “ofensivas” que lanzan contra el periodismo independiente y democrático!
La mayoría de quienes me conocen saben de mi simpatía y hasta cierta militancia por el Peronismo. Pero también saben que no me une ningún tipo de relación con el Gobierno, ni con su tan temido Observatorio de Medios, ni con los Jóvenes de La Cámpora. La aclaración vale para que estén tranquilos y no piensen que durante estos 7 años fui un agente infiltrado en el Zonal Morón. Simplemente amo el trabajo periodístico, tengo pensamiento propio (aunque, qué le vamos a hacer…: no es el políticamente correcto) y un compromiso de honrar mi oficio.
A Ricardo Kirschbaum, a Ricardo Roa y a tantos otros que mandan les digo que estoy preparado para asumir lo que venga, porque no me extrañaría que las redacciones de otros medios empiecen a recibir llamados telefónicos pidiendo que se me prohíba trabajar de lo que soy. Tan libre me siento, tan espiritualmente íntegro de poderles decir lo que les digo (aunque les resbale), que ya no me importa si la larga mano del Grupo le pone candado a mi futuro para no dejarme otra opción que trabajar como remisero o repositor de supermercado.
Me voy orgulloso de haber seguido aprendiendo lo que es vocación, oficio, dignidad y ejercicio responsable del buen periodismo. Que me lo dieron los jefes de los zonales y un montón de amigos y compañeros a quienes no voy a nombrar para evitarles quedar marcados por mi cercanía afectiva. Me voy avergonzado de la conducta de quienes deberían honrar el trabajo periodístico y no lo hacen.
Claudio Díaz
Hola Analia gracias por tu comentario, en realidad yo tmb tenia dudas de su veracidad pero me parecio bueno ponerla, porque tengo entendido que los datos que figuran son ciertos, un beso y nos mantenemos en contacto.
Excelente artículo Analía. Lo bueno es que desde ACNUR y otras organizaciones se lucha muchísimo para evitar esta injusticia (por llamarla de algún modo)
Qué bueno que lo difundas.
Besos
Cuanta razón la de Einstein...
De hecho hay un buen intercambio de cartas entre Freud y él, en el que Albert habla del nacionalismo y muchos más...
Por alguna razón que desconozco el término apátrida de por sí suena como despectivo y en general toda palabra relacionada con nacionalidad provoca emociones disímiles que tienen que ver seguramente con el dolor tanto sea de nuestros ancestros como propios. Algo político que se transforma en emocional y que como bien dice el comentario termina siendo "herencia" como un gen que se va a transmitir de padres a hijos. Una sintomatología del mundo de hoy que lejos está de unirse para buscar soluciones, siempre parece que va en franca decadencia y nosotros, hojas a merced del viento que con nacionalidad o sin ella, sufren por vivir con la palabra "ilegal" a cuestas. Cuanto más para hilar...
Lindo para reflexionar Analía, triste el verlo día a día, verdad?
Un beso!
realmente interesante, cuánto por hacer en este mundo y tanta gente de brazos cruzados
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